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Santuario de Pachacamac rehace los pasos de los primeros españoles llegados al Perú

Por las crónicas de la época se sabe que Pachacamac era el sitio religioso más importante de la costa, y el más famoso después de Cusco. Acudían miles de peregrinos para realizar ceremonias y adorar a la deidad.

Cerca de quinientos años pasaron desde que los primeros españoles llegados a Perú incursionaron en el santuario de Pachacamac, uno de los principales dioses prehispánicos, y sus pasos fueron nuevamente recorridos en un inédito circuito turístico por las ruinas de los templos y palacios que visitaron. A través de delineadas calles excavadas bajo el arenoso desierto que rodea Lima, un reducido grupo de turistas caminó “Por la ruta de los españoles”, título de la visita guiada y organizada por el Museo de Sitio de Pachacamac con motivo de los 482 años de la fundación española de Lima.

Los visitantes se desplazaron sobre las monumentales pirámides, se adentraron en el palacio del gobernador y llegaron hasta el templo pintado de Pachacamac, principal deidad y oráculo de la costa central del Antiguo Perú, conocido popularmente como el dios de los temblores, y representado en un ídolo tallado en madera. “Por las crónicas de la época sabemos que era el sitio religioso más importante de la costa, y el más famoso después de Cusco. Acudían miles de peregrinos para realizar ceremonias y adorar a la deidad”, contó a Efe el arqueólogo de Pachacamac, Rommel Ángeles.

El recorrido comenzó en la puerta de entrada al santuario, donde un grupo de veinte hombres a caballo comandados por Hernando Pizarro, hermano de Francisco Pizarro, llegó a inicios de 1533 desde la ciudad andina de Jauja, donde habían fundado la primera capital del virreinato del Perú. Los exploradores cabalgaron por el Qhapaq Ñan, la amplia red de caminos inca, con una extensión de hasta 30,000 kilómetros, que en Pachacamac tiene la confluencia del eje que recorre la costa con un camino transversal que lo comunica con otro eje paralelo que serpentea por los Andes.

La intención de los españoles era reunir parte del cobro requerido a los incas para dejar en libertad al Inca Atahualpa, quien había sido capturado por las tropas de Pizarro pocos meses antes en Cajamarca, norteña ciudad de los Andes peruanos. Explicado ese episodio, los turistas anduvieron por la misma calle que la comitiva española utilizó para entrar a Pachacamac, un imponente pasillo de paredes altas, construidas con rocas y adobe, que solo permitía seguir adelante sin vislumbrar la multitud de templos y edificios que había a ambos costados del camino.

Al final de ese sendero llegaron hasta el palacio del curaca Taurichumbi, administrador del santuario, quien recibió a los forasteros. Posteriormente se encaminaron al templo de Pachacamac, donde los españoles se acopiaron de las riquezas dejadas por los peregrinos y quitaron el ídolo de madera para reemplazarlo por una cruz. “Para entrar al templo encontraron resistencia, porque solo los sacerdotes estaban facultados para ingresar, y después se quedaron muy sorprendidos de que el ídolo fuera solo de madera, ya que pensaban que Pachacamac sería un lugar tan suntuoso como La Meca o el Vaticano”, comentó Ángeles.

Tras acopiarse de las riquezas e imponer el cristianismo, la delegación española se quedó alrededor de un mes instalada en el palacio de Taurichumbi, donde fue visitada por curacas llegados de 150 kilómetros a la redonda, el área de influencia del oráculo de Pachacamac, quienes le entregaron más tesoros. Los especialistas explicaron esa condescendencia de los gobernantes locales en que, a pesar de todas las afrentas, “es posible” que algunos de ellos esperaran la liberación de Atahualpa, el último Inca, quien en ese momento se disputaba el trono imperial con su hermano Huáscar.

La arqueóloga de Pachacamac, Liz Enciso, agregó a Efe que otro grupo de españoles llegó dos años después al santuario para evaluar el traslado de la capital a ese lugar, pero finalmente eligió el valle del río Rímac, y el templo quedó paulatinamente abandonado. Sin embargo, el culto al dios Pachacamac se práctica hasta ahora, con peregrinos que llegan con ofrendas en fechas especiales del año, como los equinoccios y los solsticios que marcan el calendario agrícola andino.

EFE

19 de enero, 2017

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