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Un año de Donald Trump, una declaración de guerra a la protección medioambiental

El presidente de la mayor potencia mundial no cree que el cambio climático sea real y considera que fue una invención del Gobierno chino para lastrar la competitividad de la industria estadounidense.

WASHINGTON, EE.UU. 14 ene. (EFE) — La lucha medioambiental para frenar los pies al gigante del cambio climático ha sufrido duros golpes durante el primer año de Donald Trump al frente de la Casa Blanca, en el que Estados Unidos ha dado un giro de 180 grados. La salida del Acuerdo de París, la eliminación del Plan de Energía Limpia contra las emisiones, los recortes en políticas medioambientales, la expansión de las zonas abiertas a perforaciones petrolíferas y la reducción de parques naturales para su explotación, son las principales decisiones tomadas bajo el mando de Trump.

El presidente de la mayor potencia mundial no cree que el cambio climático sea real y considera que fue una invención del Gobierno chino para lastrar la competitividad de la industria estadounidense. “El concepto de calentamiento global fue creado por y para los chinos con objeto de hacer a las manufactureras estadounidenses no competitivas”, aseguró en su perfil de Twitter ya en 2012.

Estas mismas Navidades, cuando una tormenta congelaba grandes ciudades como Nueva York, el magnate volvió a Twitter para burlarse del cambio climático diciendo que, dadas las bajas temperaturas, Estados Unidos necesitaba “una buena dosis de calentamiento global”. Para Guillermo Douglass–Jaimes, profesor de Análisis Medioambiental del Pomona College de California, la “indiferencia” de Trump hacia la protección del medio ambiente quedó patente con la salida del acuerdo sobre el clima de París de 2015, convirtiendo a Estados Unidos en el único país fuera de este pacto.

En unas declaraciones a Efe, el experto destacó el papel que ha jugado la Agencia de Protección Medioambiental (EPA), dirigida por Scott Pruitt, un escéptico del cambio climático y defensor de la industria de combustibles fósiles al que Donald Trump encargó la defensa del clima. Al respecto, uno de los elementos que más preocupa a Douglass–Jaimes es la salida de científicos de la EPA y su sustitución por perfiles más políticos y menos especializados.

Desde la investidura de Donald Trump, un total de 700 trabajadores han dejado la agencia, mientras que solo han contratado a 129, según una investigación de ProPublica y The New York Times. “Es muy obvio que la directiva de la EPA está muy encaminada a priorizar los beneficios empresariales sobre la salud medioambiental”, lamentó el profesor, que prevé que Trump será recordado como el peor presidente en relación al clima.

Los ataques de Trump al medio ambiente dieron origen al movimiento “We Are Still In” (Seguimos Dentro), creado por estados, ciudades, universidades, ONG y empresas del país cinco días después de anunciar su salida del Acuerdo de París. Si bien el abandono del pacto tuvo una gran trascendencia a nivel internacional, dentro de Estados Unidos uno de los momentos fundamentales del primer año de Trump fue la cancelación del Plan de Energía Limpia, aprobado por el expresidente Barack Obama para controlar las emisiones de gases de efecto invernadero.

“La hostilidad de la Administración de Trump ante regulaciones medioambientales es algo sin precedentes en la historia moderna de Estados Unidos”, señaló Daniel Esty, profesor de Política y Derecho Medioambiental de la Escuela de Derecho de Yale. Los activistas, como Ernesto Vargas, de la Liga de Votantes por la Conservación, son los más pesimistas sobre la deriva de Trump, al que acusan de poner en peligro el medio ambiente y la salud de los ciudadanos para beneficiar a las grandes corporaciones.

“No habíamos visto un trabajo tan dañino para la comunidad (estadounidense) como lo hemos visto con el Ejecutivo de Trump”, insiste Vargas. El activista espera que la celebración de elecciones legislativas en 2018 provoque una reacción en los congresistas para que se posicionen contra las medidas adoptadas por Trump: “Saben que si no lo hacen, en las elecciones se quedan fuera”.

Una opinión diametralmente opuesta mantiene Nicolás Loris, experto en Energía y Política Medioambiental del centro conservador Heritage Foundation, que se muestra favorable a las decisiones de Donald Trump y su apuesta por los combustibles fósiles. “Frenar las costosas regulaciones que dan despreciables beneficios es un buen comienzo”, afirmó en un texto para la fundación.

De cara al 2018, se prevé que el reto del presidente en cuestión climática sea el reemplazo del Plan de Energía Limpia, pero también la posible vuelta al Acuerdo de París, una opción reconocida por Donald Trump esta semana, siempre que no les perjudique —dijo—.

14 de enero, 2018

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