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Terroristas del Estado Islámico «se frotan las manos» con la presidencia de Donald Trump

La promesa de Donald Trump de erradicar el “extremismo islámico” parece a primera vista un nuevo golpe a las posibilidades de éxito del Estado Islámico. Pero los expertos dicen que su triunfo electoral podría ayudar al grupo terrorista a resurgir.

Donald Trump se ha propuesto aplastar al Estado Islámico (EI) en un momento en el que se encuentra en repliegue, pero los islamistas y algunos analistas dicen que las decisiones del nuevo presidente norteamericano podrían fortalecer al grupo ultraortodoxo, atrayendo nuevos integrantes e inspirando ataques en suelo estadounidense. El Estado Islámico se ha debilitado en los últimos meses por las derrotas en el campo de batalla, la pérdida de territorio en Irak, Siria y Libia, y un declive en su situación financiera y el tamaño de sus fuerzas de combate.

La promesa de Donald Trump de erradicar el “extremismo islámico” parece a primera vista un nuevo golpe a las posibilidades de éxito del Estado Islámico. Pero los expertos de Oriente Próximo y los partidarios de EI dicen que su triunfo electoral podría ayudar al grupo a resurgir. También creen que la decisión que tomó Trump a finales de enero de prohibir la entrada al país de refugiados y nacionales de 7 países con mayoría musulmana podría favorecer al grupo.

La orden ejecutiva, sobre la que el EI no se ha pronunciado, está en el limbo después de ser anulada por un juez. Pero aunque no se restablezca, ha enfurecido a los musulmanes de todo el mundo que, a pesar de que Trump lo niegue, lo ven como una prueba de que tanto él como su administración son islamófobos. La Casa Blanca no respondió inmediatamente a una solicitud de comentarios sobre las acusaciones de islamofobia. Pero el portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer, dijo la semana pasada: “El objetivo número uno del presidente siempre ha sido centrarse en la seguridad de Estados Unidos, no en la religión, entiende que no es un problema religioso”.

Spicer, que niega que la prohibición de viajar haga que Estados Unidos sea menos seguro, ha dicho que “algunas personas no han leído exactamente lo que dice la orden y la están leyendo a través de informaciones erróneas de la prensa”. Sin embargo, tales comentarios no han silenciado las críticas. “El veto a los países musulmanes socavará sin duda el esfuerzo global para desacreditar a los extremistas”, dijo Hasan Hasan, experto en radicalismo islámico y coautor del libro “ISIS: Inside the Army of Terror”, publicado en 2015.

La Organización de Cooperación Islámica (OCI), integrada por 57 Estados miembros, dijo que las “acciones selectivas y discriminatorias sólo servirán para envalentonar el discurso radical de extremistas”. Los yihadistas siguen celebrando el triunfo electoral de Donald Trump en foros de internet, argumentando que valida su argumento de que las opiniones de Trump muestran el verdadero rostro de Estados Unidos y de que su política polarizará a las comunidades, una de las metas de los militantes.

“Es una bendición de Alá para los musulmanes que perdieron su lealtad y fidelidad y prefirieron elegir la vida mundana, con todos sus lujos que existe en la tierra apóstata por encima del territorio de la fe”, escribió un yihadista en el sitio web islamista al Minbar. En los últimos meses, el Estado Islámico se ha debilitado en muchos frentes y ha experimentado una reducción del califato que ha creado en partes de Irak y Siria, donde ha impuesto una ley islámica radical.

En Irak, el grupo ha perdido territorio en su bastión de Mosul desde que las fuerzas iraquíes respaldadas por Estados Unidos comenzaron en octubre la mayor operación terrestre en el país, desde la invasión liderada por Estados Unidos en 2003 que derrocó a Sadam Husein. Un creciente número de suníes locales desilusionados están cooperando ahora con el ejército iraquí y ayudando en la lucha contra el Estado Islámico, al tiempo que los recursos financieros del grupo se veían gravemente afectados.

Turquía también ha sellado su frontera, cerrando una ruta por la que el EI podía importar combatientes extranjeros y contrabando de otros bienes. La presencia del Estado Islámico en Irak se concentra principalmente en el norte, pero todavía tiene bastiones significativos tales como Tal Afar, al oeste de Mosul, y áreas cercanas como Al Qaem, cerca de la frontera siria. Aun así, el primer ministro Haider al–Abadi ha dicho que EI será expulsado del país en abril.

El grupo aún conserva franjas de territorio sirio y está ofreciendo una fuerte resistencia en Raqa, su capital en el este de Siria. Todavía tiene alrededor del 90 por ciento de la provincia de Deir Ez–Zor, cerca de la frontera iraquí, junto con Raqa y algunas partes de la campiña oriental de Alepo, en el norte de Siria. También controla Palmira y algunas bolsas de terreno en Deraa, en el sur del país. Sus opositores en Siria incluyen el ejército turco y los grupos rebeldes sirios al noreste de Alepo.

En varios frentes está luchando contra las fuerzas del gobierno sirio apoyadas por la fuerza aérea rusa y la milicia chií respaldada por Irán. El presidente sirio, Bashar el Asad, ha indicado que considera que las opiniones de Donald Trump sobre el Estado Islámico son prometedoras. En Libia, el EI ha perdido el control de la ciudad portuaria mediterránea de Sirte, ante las fuerzas libias respaldadas por ataques aéreos estadounidenses. Esta derrota privó al grupo de su principal bastión en el norte de África, aunque mantiene una presencia activa en otras partes de Libia.

El número de combatientes del EI se estima ahora, según analistas y expertos, en 20,000 en Irak y Siria en comparación con los 36,000 en 2014. Desde entonces, un gran número de combatientes y líderes del grupo han muerto en ataques aéreos de la coalición dirigida por Estados Unidos y otros han sido capturados por el ejército iraquí o han huido. A pesar de los contratiempos, el Estado Islámico está ofreciendo una resistencia feroz y sigue suponiendo una grave amenaza para Estados Unidos y sus aliados occidentales.

El Estado Islámico ha comenzado a desarrollar alternativas a su califato, que van desde las insurgencias rurales en Siria e Irak hasta llevar a cabo ataques en Europa y buscar objetivos en los aliados occidentales de Oriente Próximo, como Turquía y Egipto. Ahora, en opinión de algunos expertos islamistas, el EI puede redoblar sus esfuerzos para atacar en territorio de Estados Unidos y replicar los ataques realizados en los últimos 15 meses en París, Bruselas, Niza, Berlín y Estambul.

Al igual que Al Qaeda antes, el Estado Islámico ha dicho desde hace mucho tiempo que Occidente tiene una profunda hostilidad hacia los musulmanes. Durante la última década, este discurso ha sido un factor en el crecimiento constante de los seguidores radicales en Oriente Próximo y otros lugares. Las políticas de Donald Trump facilitarán el trabajo a los yihadistas, dice Mojtar Awad, analista del Programa sobre el Extremismo en la Universidad George Washington.

“Simplemente redoblarán la estrategia (de los ataques) y en lugar de invertir toda su fuerza en los campos de batalla en los que están, dedicarán más esfuerzos todavía a activar células en diversos países de Oriente Próximo y Occidente”, dijo Awad. “Un ataque en Estados Unidos, por horrible que sea, es perfecto para sus intereses al mostrar que Trump es débil, y animar las actitudes más excluyentes y xenófobas que puedan tener algunos en esta administración”.

Un objetivo importante de la estrategia de EI es polarizar las sociedades y causar desconfianza hacia los vecinos musulmanes. Los expertos dicen que el EI cree que incluso si un musulmán no se une al grupo, estará menos dispuesto a oponerse a los militantes si la sociedad está polarizada. Muchos analistas dicen que la lucha más urgente para los enemigos del Estado Islámico es una batalla política: cómo hacer que el grupo sea irrelevante para aquellos que lo apoyan ahora.

Con Donald Trump, que asumió su cargo el 20 de enero, Washington ha señalado que está buscando socios en Oriente Próximo para que se enfrenten al Estado Islámico. En Irak, las fuerzas estadounidenses, en la vanguardia de la campaña de Mosul, están en la práctica alineadas, aunque no aliadas, con Irán, cuya influencia sobre el gobierno de Bagdad —dominado por los chiíes— podría aumentar si se aplican medidas como el veto migratorio estadounidense.

En Siria, las fuerzas estadounidenses se están apoyando en los combatientes kurdos sirios para rodear Raqa. Pero esto ha molestado a Turquía, miembro de la OTAN, que considera que la milicia kurda siria es idéntica a los insurgentes kurdos turcos que considera terroristas. Estados Unidos y la Unión Europea los ha incluido en su lista de grupos terroristas.

La apertura de Trump hacia el presidente Vladímir Putin sugiere que Rusia y Estados Unidos podrían acercarse en la lucha contra el EI, aunque muchos de sus objetivos y aliados son diferentes. Esta posible relación también podría ser una oportunidad para el Estado Islámico. Los analistas dicen que ya considera la alianza de Rusia con el Irán chií como una herramienta de reclutamiento, porque ha causado cólera entre algunos musulmanes.

REUTERS

14 de febrero, 2017

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