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Negociar o no con Corea del Norte, una cuestión sensible para el gobierno de Donald Trump

El secretario de Estado confirmó que Estados Unidos tenía “dos o tres canales” directos “abiertos” con Pyongyang para “sondear” la voluntad del régimen de Kim Jong–Un de asumir discusiones más formales, sobre su programa nuclear denunciado por la comunidad internacional.

WASHINGTON, EE.UU. 2 oct. (AFP) — Negociar con Corea del Norte o no hacerlo es una cuestión que divide a la administración estadounidense, y pone en una situación delicada al jefe de la diplomacia, Rex Tillerson, públicamente reprendido por Donald Trump por haber evocado “canales de comunicación”. Durante una visita a Pekín, el secretario de Estado confirmó el sábado que Estados Unidos tenía “dos o tres canales” directos “abiertos” con Pyongyang para “sondear” la voluntad del régimen de Kim Jong–Un de asumir discusiones más formales, sobre su programa nuclear denunciado por la comunidad internacional.

“Podemos hablar con ellos, les hablamos”, dijo. La existencia de contactos informales no era un secreto en Washington, pero era la primera vez que una figura de la administración Trump hablaba oficialmente de eso. “El principal canal es el llamado New York Channel, es la conexión con la misión diplomática de Corea del Norte en la ONU”, explicó Jim Schoff, del centro de análisis Carnegie Endowment for International Peace.

El emisario estadounidense para Corea del Norte, Joseph Yun, utilizó ese canal especialmente para conseguir la repatriación del estudiante estadounidense Otto Warmbier, detenido por Pyongyang y fallecido en junio, poco después de su retorno a Estados Unidos en estado de coma. “Entiendo que han habido múltiples intentos, por varios meses por ese canal, para tratar de iniciar un diálogo sobre tres estadounidenses que aún siguen detenidos ahí y para expresar la apertura para hablar sobre la desnuclearización”, añadió el investigador, señalando que esos contactos por el momento han fracasado.

Otro canal de comunicación pasaría, según él, por los embajadores de los dos países en Pekín. El Departamento de Estado dijo rápidamente que Pyongyang no había mostrado “ningún indicio de interés o de estar dispuestos a conversaciones sobre la desnuclearización” y que esos canales no estarían eternamente abiertos. “Los únicos canales de comunicación de los que el secretario Tillerson habla son esos que están abiertos y han sido usados para tratar de liberar a los ciudadanos de Estados Unidos detenidos”, aseguró el lunes a AFP el asesor de Relaciones Públicas del secretario de Estado, R.C. Hammond.

Varios observadores estiman que esos intercambios entre bastidores deberían también servir para evitar que la guerra de palabras entre Washington y Pyongyang se convierta en un conflicto armado. “Espero que haya canales secretos”, “es esencial bajar la temperatura para evitar un accidente”, previno la semana pasada la exsecretaria de Estado, Madeleine Albright, la funcionaria de mayor rango que estuvo en Corea del Norte en 2000.

“SIN CRISIS”

Que Rex Tillerson haya escogido a Pekín para evocar esos contactos, probablemente no es una coincidencia. China, que ante los ojos estadounidenses, está jugando cada vez más el juego de las sanciones contra el régimen de Corea del Norte, exige que se busque una solución diplomática y el secretario de Estado pudo haber querido mandar un mensaje en ese sentido. Solo que el presidente de Estados Unidos no lo apreció. “Le dije a Rex Tillerson, nuestro maravilloso secretario de Estado, que está perdiendo su tiempo intentando negociar”, dijo Donald Trump el domingo en Twitter.

“¡Conserva tu energía, Rex, haremos lo que debe hacerse!”. Esta humillación pública “hiere la credibilidad del secretario”, deploró Jim Schoff. Para el analista, la administración ha tomado una estrategia para la “apertura al diálogo” hacia la desnuclearización de Corea de Norte y es “una política que el presidente Trump ha apoyado”. No es la primera vez que el presidente republicano complica, por lo mínimo, la tarea del exjefe de la petrolera ExxonMobil, que llegó a la diplomacia a su petición.

Este verano, prometiendo “fuego y furia” en Pyongyang, Donald Trump había relegado a un segundo plano los esfuerzos del muy discreto secretario de Estado para aumentar el aislamiento internacional de Kim Jong–Un. El Departamento de Estado debe, por lo tanto, una vez más despejar la situación, mientras que los rumores de una salida del jefe de la diplomacia son recurrentes en Washington. “Todos están de acuerdo en la administración con esta estrategia”, dijo R.C. Hammond, el cercano asesor de Rex Tillerson.

Según él, el tuit del presidente debe ser interpretado como una “demostración de escepticismo” en si Corea del Norte cambiará su actitud y no en una “demostración de escepticismo en cuanto a la declaración y la estrategia del secretario Tillerson”.

02 de octubre, 2017

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