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El desconsuelo de Utica, la ciudad de Estados Unidos que acogió a miles de refugiados

En Utica, ciudad ubicada a 273 km de Nueva York, viven unos 62,000 habitantes, 20% de los cuales son refugiados procedentes de distintas partes del mundo.

En Utica (Nueva York) es común ver mesas en los cafés ocupadas por bosnios, mujeres musulmanas con hiyabs que compran alimentos y a somalíes que han cambiado el calor ecuatorial de su tierra por la nieve de los inviernos del estado de Nueva York. El arribo de miles de refugiados de todo el mundo en las últimas décadas revitalizó este centro industrial venido a menos de 62,000 habitantes. Pero ahora en Utica reina la ansiedad, generada por la llegada de Donald Trump a la presidencia.

La orden del presidente de restringir la admisión de refugiados y de visitantes de ciertos países musulmanes ha hecho que los inmigrantes se pregunten si son bienvenidos realmente. Algunos sufren pensando que no podrán traer a sus parientes que huyen de zonas en conflicto y campamentos de refugiados. “En el campamento de refugiados de Irak mi madre solía decirme: Un refugiado siempre será un refugiado”, comentó Manal Alawsaj, de 18 años, una palestina que acaba de hacerse ciudadana. “Esto me aterra. Me fui de Irak por estas cosas. Estoy aquí, y me siento igual que allá. Tal vez esta no sea mi tierra, tal vez deba irme porque este no es mi país”.

Miles de refugiados se han radicado en Utica, 273 kilómetros (170 millas) al norte de la ciudad de Nueva York, a través del Centro de Recursos para Refugiados de Mohawk Valley, que nació como producto de esfuerzos por reubicar a refugiados vietnamitas en la década de 1970. Desde entonces ha atraído a 16,000 personas de todo el mundo, unos 400 refugiados por año, incluidos somalíes, bosnios, sirios, sudaneses y gente de Mianmar. Los inmigrantes podrían representar hasta el 20% de la población de Utica, según algunos estimados.

Abundan los indicios de la diversidad de la ciudad, desde carteles en distintos idiomas en los negocios hasta restaurantes que sirven platos de Asia y bosnios, pasando por adolescentes de Mianmar y Somalia que juegan en un centro comunitario. Desde la oficina del alcalde Robert Palmieri se divisa una enorme mezquita. Palmieri considera que los refugiados son parte de la “evolución” de una ciudad que alguna vez fue conocida por sus fábricas textiles y que atrajo inmigrantes de Italia, Alemania y Polonia.

“Nosotros somos Utica”, afirmó Hana Selimovic, estudiante de enfermería que llegó de Bosnia como refugiada. “Esta ciudad quiere mucho a los refugiados”. La transición no siempre fue fácil. A los refugiados bantú de Somalía, acostumbrados a vivir en campamentos en Kenia, puede costarles adaptarse a los inviernos del norte del estado de Nueva York. Manal Alawsaj recuerda que cuando vio tantos árboles camino a Utica pensó, “oh, Dios, ¿viviré en un bosque?”. La alcaldía tuvo que alertar a los somalíes acerca de los peligros de usar pequeñas parrillas en la sala de estar.

El nivel de pobreza en la ciudad se mantiene en torno al 32%, a la par de otras ciudades de la zona pero por encima del promedio nacional. Abundan los negocios vacíos y las casas en ruinas. El sistema escolar resolvió el año pasado demandas según las cuales disponía para los refugiados programas educativos inferiores. De todos modos, Selimovic considera Utica un oasis cultural en el que amigos y familiares pueden ir a un café y hablar de política con un bosnio. Alawsaj, quien usa un hiyab en su cabeza, dijo que siempre se sintió bienvenida en la ciudad.

Al alcalde le encanta la cultura cosmopolita y la forma en que los bosnios rehabilitaron viviendas de la zona oriental de Utica. “Me encantaría que el presidente venga a Utica para ver cómo son las cosas aquí y lo beneficioso que han sido” los refugiados, expresó Palmieri. Los refugiados trabajan en decenas de negocios, incluidos asilos de ancianos y fábricas. Al menos una empresa grande ha reaccionado ante la orden de Trump.

El fundador de la compañía de yogures Chobani, Hamdi Ulukaya, que tiene unos 300 refugiados entre sus 1,000 trabajadores, dijo que la empresa asistirá a todo empleado afectado y a sus familiares, y los “apoyará todos los días en todo lo que sea”, según un folleto que circuló en la empresa, que fue obtenido por Associated Press. La orden de Donald Trump hizo que Mowlid Hussein, un somalí bantú, suspendiese un viaje que pensaba hacer para ver a dos hijos de un matrimonio previo en Kenia. Se muestra molesto porque la orden demorará los trámites para traerlos a Estados Unidos.

“Imagínese que no tiene a sus hijos con usted. No duerme de noche. Y llega esa orden: no se puede hacer nada por cuatro meses”, expresó. “Pero, ¿qué puedes hacer? ¿Cómo fue que llegamos a esto?”.

AP

04 de febrero, 2017

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