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Donald Trump deberá respetar el estricto protocolo de Asia, que impide insultos y sorpresas

El protocolo, una antigua disciplina, pretende evitar sorpresas y momentos de bochorno a través de cuidadosa planificación y coreografía.

WASHINGTON, EE.UU. 2 nov. (AP) — En Asia, asegúrese de que no estrecha la mano de otra persona durante demasiado tiempo ni demasiado poco. Tenga cuidado al pronunciar los nombres o títulos. Evite los tuits críticos y no cuestione la comida. Estos puntos clave de etiqueta y protocolo forman parte de la cultura en la región, que valora mantener la compostura y ayudar a otros a hacerlo. Y en muchos aspectos son opuestos al estilo impulsivo y directo del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Trump inicia el viernes una gira de 10 días por Japón, Corea del Sur, China, Vietnam y Filipinas. Allí cargará con una intensa agenda en materia económica y de seguridad nacional y, como en cualquier viaje presidencial, influirá en su posición en el escenario global. Pero antes de que la conversación llegue a la política, está el protocolo: la aplicación de reglas, etiqueta y normas culturales que rigen las reuniones entre dignatarios.

“Una de las cosas del protocolo es obviamente no hacer daño”, dijo el miércoles Sean P. Lawler, propuesto por Donald Trump como jefe de protocolo, ante la Comisión del Senado que considera su designación. Como director de visitas y diplomacia para el Consejo de Seguridad Nacional, acompañará a Trump en el viaje. “Uno de mis objetivos desde el principio”, añadió Lawler, “es preparar el escenario para la diplomacia para el presidente”. El protocolo, una antigua disciplina, pretende evitar sorpresas y momentos de bochorno a través de cuidadosa planificación y coreografía.

“Somos el puente”, explicó Capricia Marshall, jefa de protocolo de Barack Obama entre 2009 y 2013. Las costumbres informales estadounidenses suelen provocar malentendidos en las culturas tradicionales que visitará Trump, según expertos en protocolo. El mandatario dio indicios el miércoles de comprender esa sensibilidad. Aunque se quejó durante una reunión del gobierno sobre “malos” acuerdos y déficits comerciales con países como China, se contuvo.

“No quiero avergonzar a nadie cuatro días antes de aterrizar en China”, dijo Trump, antes de añadir, “Pero es horrible”. Entre los desafíos que afronta Donald Trump en su viaje a Asia está la complejidad de tradiciones locales desconocidas para muchos estadounidenses, pero que resultan cruciales en sociedades de toda la región. En general, la costumbre implica asegurarse de que el comportamiento, la postura, los gestos, declaraciones y otras formas de expresión no provocan emociones negativas fuertes en los demás ni en uno mismo.

Por ejemplo, los 19 segundos que dedicó Trump en febrero a estrechar, dar toques y jalar la mano del primer ministro de Japón durante una visita a la Casa Blanca cruzaron toda clase de líneas culturales. El mandatario, Shinzo Abe, respondió con un gesto a las cámaras cuando Trump apartó la mirada. Trump jugará al golf con Abe durante su viaje, según funcionarios de la Casa Blanca. Otro aspecto importante en Asia son los nombres y los títulos.

En julio, la Casa Blanca emitió una nota de prensa en la que se refería al presidente de China, Xi Jinping, como el líder de “la República de China”. Xi es presidente de la República Popular de China. Taiwán se considera a sí misma como la República de China. Beijing dijo haber recibido una disculpa de Estados Unidos. Después está la afición de Donald Trump de acudir a Twitter para responder a comentarios que no le gustan. En Asia, hacer eso en tiempo real podría chocar con la aversión cultural a la confrontación.

“Creo que encontrarán que son muy sensibles a los desdenes”, dijo el profesor de la Universidad de Georgetown, Dennis Wilder, que sirvió en el Consejo de Seguridad Nacional. El experto advirtió a Trump contra “cualquier clase de tuit” que pudiera criticar al mandatario del país donde se encuentre. “Creo que esto puede ir bien, sólo tiene que entender que (el protocolo) en las culturas del este de Asia es terriblemente importante”, señaló.

Especialmente en China, una ruptura del protocolo puede afectar al contenido de una reunión, señaló Peter Selfridge, el último en ejercer como jefe de protocolo y que ocupó el cargo de 2013 y hasta la investidura de Trump en enero de 2017. “Los chinos aprecian la precisión cuando se trata de actos diplomáticos formales”, explicó Selfridge. “Los estadounidenses desde luego lo agradecen también, pero quizá aceptan más la improvisación y pueden incluso utilizarla para beneficio propio”.

Donald Trump no sería el primer mandatario estadounidense en cometer un desliz protocolario en Asia. En 2014, los blogueros locales se burlaron de Obama diciendo que parecía un “vago” o un “rapero” cuando rechazó un transporte con chófer hasta la Conferencia Económica Asia–Pacífico en Beijing y llegó en su propia y más segura limusina... mascando chicle, algo que hacía para combatir el ansia de nicotina. Trump podría considerar un consejo de sus predecesores si encuentra con que le sirven algo diferente de su opción preferida, un filete con ketchup.

Richard Nixon, el primer presidente que abrió el frente diplomático con China, dio un consejo a Ronald Reagan en un viaje allí en 1984: No pregunte sobre la comida, solo tráguela. “Aun así, tuve dificultades identificando varios elementos en mi plato esa primera noche”, comentó Reagan en su autobiografía, “de modo que las removí con la esperanza de camuflar mis reparos a comérmelos”.

02 de noviembre, 2017

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