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Cómo pasó Toledo de ser el líder de la batalla contra Fujimori a estar acusado de corrupción

Toledo no llevó adelante las reformas que muchos de los sectores sociales esperaban, no hizo nada por la inclusión social ni se hizo cargo de los temas que causaban conflictos económicos sociales.

Lo llaman “el cholo”. Y a él le gusta. “Cholo sano y sagrado”, según las famosas palabras de su propia mujer, Eliane Karp. Alejandro Toledo representa de alguna manera lo que catapultó su carrera política a fines de los 90: un peruano común, de rasgos indígenas, con una historia de esfuerzo y educación basada en el mérito, que surgía desde las bases para contrarrestar la figura del titán político de Alberto Fujimori.

“Toledo era un peruano que se veía como los peruanos; un economista brillante que se codeaba con premios Nobel de Economía, pero al mismo tiempo era de y se comunica con el pueblo”, le dice a BBC Mundo Diego Moya–Ocampos, analista de Perú para IHS Country Risk. Fue la cara de la oposición contra Fujimori y el primer presidente electo tras la renuncia de éste. Estuvo en el poder de 2001 a 2006; sin embargo, su gobierno es recordado más por sus promesas que por sus acciones.

Once años después de dejar el cargo de presidente, Toledo deberá enfrentarse a la justicia de su país después de que este lunes la fiscalía anunciara la apertura de una investigación penal. Lo acusa de tráfico de influencias y lavado de activos por supuestamente haber recibido un soborno de US$20 millones de la constructora brasileña Odebrecht. Nacido en una familia humilde de la región Áncash, al norte de Lima, de niño fue lustrabotas y vendió diarios, según su propio relato.

Tras finalizar el colegio, una beca lo llevó a estudiar Economía en la Universidad de San Francisco. Y gracias a su talento con el fútbol, logró mantener su beca y terminar la universidad. Así también llegó a realizar un máster y un doctorado a la Universidad de Stanford, donde conoció a su mujer Eliane Karp. Los primeros pasos en su carrera política los dio a mediados de los 90. Fue candidato en la elección de 1995 y en 1997 fundó el partido Perú Posible.

A principios de 2000 y de cara a las siguientes elecciones presidenciales, se convirtió en el líder de la coalición antifujimorista. Tras diez años en el poder, el entonces presidente, Alberto “Chino” Fujimori, estaba en el centro de la noticia por reportes ligados a corrupción y violaciones a los derechos humanos. A pesar de los esfuerzos de Toledo por unificar la oposición, “el chino” venció en segunda y continuó al mando por un tercer período.

Con la oposición cada vez más fuerte y alineada consigo, Toledo convocó en julio de 2000 la denominada “marcha de los Cuatro Suyos”, en alusión a las cuatro regiones del Imperio Inca e invitando a gente de todas partes de Perú a unirse en Lima contra el gobierno de Fujimori. Con el ambiente político muy cargado, el principio del fin del gobierno de Fujimori llegó con un vídeo que mostraba a Vladimiro Montesinos, jefe del Servicio Nacional de Inteligencia (SIN) y uno de los hombres fuertes de Fujimori, entregando US$15,000 al entonces congresista Alberto Kouri, de Perú Posible, para que se cambiara a las filas del fujimorismo.

Era el primero de una serie de vídeos, conocidos como los “vladivídeos” que derivaron en Fujimori anunciando el desmantelamiento del SIN y la convocatoria a elecciones generales. En noviembre del mismo año, Fujimori se autoexilió en Japón y renunció a la presidencia. Ocho meses después y tras un corto período de presidencia interina, Toledo era elegido presidente de Perú. Toledo llegó al poder cargando sobre sus hombros expectativas casi tan grandes como el desafío político que le esperaba.

“Fue el hombre que condujo la transición hacia la democracia, hacia el fortalecimiento del Estado de Derecho y al crecimiento económico, luego de un gobierno populista, autoritario, con corrupción y violaciones a los derechos humanos como fue el de Fujimori”, le dice a BBC Mundo Diego Moya–Ocampos, analista de Perú para IHS Country Risk. Una vez en el poder, convocó un gabinete de tecnócratas independientes, como el actual presidente Pedro Pablo Kuczynski, quien fue su ministro de Economía y Finanzas.

Este realizó una serie de cambios y pactos comerciales, como con el Fondo Monetario Internacional, pero también intentó darle estabilidad a la economía con medidas no tan radicalmente opuestas a las de Fujimori como las que sus votantes esperaban. Con una campaña marcada por el tono crítico a las políticas neoliberales que caracterizaron el gobierno de su antecesor, Toledo “no llevó adelante las reformas que muchos de los sectores sociales esperaban, no hizo nada por la inclusión social ni se hizo cargo de los temas que causaban conflictos económicos sociales”, opina Moya–Ocampos.

De hecho, la estabilidad económica conllevó seguir con algunas políticas ampliamente cuestionadas, como la privatización de empresas. Esto causó la ira de varias regiones del país, como Arequipa y Tacna. Toledo se había comprometido durante su campaña a “defender el patrimonio regional, en particular la intangibilidad de Sedapar, Seal y Egasa, como empresas de propiedad y administración pública”, según quedó estipulado en un documento de campaña.

Sin embargo, un año después, el presidente autorizaba la venta de la Empresa de Generación Eléctrica de Arequipa, Egasa, y Egesur, de Tacna, desatando la ira de los habitantes del sur de Perú. Huelgas de hambre, cacerolazos y protestas masivas mostraron la molestia popular ante un presidente elegido por el pueblo por ser del pueblo que no cumplía con sus promesas de campaña.

No sólo eso, una serie de escándalos ligados a sus familiares, como una concesión en la que habrían intervenido sus hermanos, las cuentas de su mujer y el denominado “Caso Bavaria”, en el que se acusó a uno de sus hombres de confianza de recibir soborno para facilitar la compra de las acciones de la cervecera Backus, hicieron caer en picada la popularidad del presidente a cifras de 7%.

“Los escándalos morales, las denuncias de corrupción, las contramarchas en las políticas de Estado y los errores de comunicación erosionaron la confianza en el gobierno”, aseguraba Elmer Cuba, de la consultora Macroconsult, en un análisis de sus primeros tres años de gobierno publicado en 2003. Y hacia finales de su mandato, en 2005, una comisión investigadora del Congreso lo halló culpable de fraude electoral por la falsificación de más del 80% de las 520,000 firmas utilizadas para inscribir en 1997 a su grupo político, Perú Posible, con el que participó en los comicios de 2000.

En 2011 Toledo volvió al ataque político, lanzando su candidatura a la presidencia. Sin embargo, quedó en un cuarto lugar en la elección que se adjudicó Ollanta Humala. Pero las acusaciones que más complican hoy a Toledo son dos y lo apuntan directamente por casos de corrupción. Primero, un proceso judicial donde fue acusado formalmente de lavado de activos tras la compra de dos inmuebles a nombre de su suegra por unos US$4.5 millones con fondos presuntamente no declarados, a través de una empresa “fantasma” creada en Costa Rica bajo el nombre de Ecoteva.

Y luego, su supuesta vinculación con el escándalo internacional de sobornos de la constructora brasileña Odebrecht. En diciembre pasado, ejecutivos de la constructora reconocieron ante las autoridades judiciales estadounidenses que la firma había cometido actos de corrupción incluyendo el pago de cerca de US$788 millones en sobornos. En Perú, la Fiscalía investiga sobornos por US$29 millones entregados entre 2005 y 2014, años que comprenden los gobiernos de Toledo (2001–2006), Alan García (2006–2011) y Ollanta Humala (2011–2016).

Durante el fin de semana se dio a conocer la declaración ante la fiscalía de Jorge Barata, exdirector de Odebrecht en Perú, en la que aseguró que la constructora le pagó US$20 millones a Toledo a cambio de la adjudicación de dos tramos de la carretera Interoceánica. Toledo niega haber recibido tal coima y retó a Barata a señalar dónde hizo los depósitos.

BBC MUNDO

07 de febrero, 2017

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